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sábado, 6 de febrero de 2010

ARTICULO

EN LAS ENTRAÑAS DEL MUSEO DE TITO BUSTILLO
31.01.10 - 02:37 - ANDRÉS PRESEDO apresedo@elcomerciodigital.com

La obra del museo ya tiene concluida la planta baja y la primera y se rematará el próximo verano
EL COMERCIO recorre con su arquitecto el edificio, que tiene que estar acabado este verano
«Será como entrar en una cueva, simulando la altura y la oscuridad, para meter al visitante de pleno en el contenido museístico». Sergio Barragán, el arquitecto del proyecto modificado y responsable del seguimiento de la obra del futuro Centro de Arte Rupestre, exponía con estas palabras sus sensaciones a la vez que subía las escaleras que dan acceso a la primera planta del museo. De momento son eso, sensaciones, trazos mentales del creador de una estructura pensada no sólo para ofrecer la mejor imagen de la cueva de Tito Bustillo, sino también como un elemento integrador en la vida social y cultural de Ribadesella.
Habrá, cómo no, una enorme 'caja negra' de casi dos mil metros cuadrados en la primera planta para mayor gloria del arte rupestre, pero también el contenedor de hierro y hormigón, en sus 6.472 metros cuadrados de superficie útil, tendrá espacios para otras exposiciones o actos sociales, bajo techo pero al aire libre en la planta baja, y para una cafetería, en la terraza, a más de once metros de altura, con unas vistas de privilegio sobre la villa y la ría.
El museo ha sido diseñado, como reconocía Andrea del Cueto, arquitecta de la Unidad Técnica de la Consejería de Cultura del Principado, con unos criterios de máxima funcionalidad, con espacios amplios y vacíos entre columnas que abren un abanico importante para albergar el proyecto expositivo que pueda aprobarse en su momento. De momento se han apuntado, en ese sentido, sólo algunas ideas. Una de ellas apunta a una reproducción virtual de la cueva que muestre a los visitantes la belleza de Tito Bustillo, una vez que el original es más que probable que cada vez tenga más limitado su acceso, por cuestiones de mantenimiento y seguridad de las pinturas.
De hecho, el alcalde de Ribadesella, Ramón Canal, ya adelantó que «queremos acercar a todo el mundo cómo vivían aquellos pobladores de estas tierras», e incluso apuntó que las nuevas tecnologías pueden hacer que aparezcan personajes en el interior de la representación, mostrando, incluso, como trabajaban para realizar sus pinturas, en especial el caballo, símbolo de la cueva riosellana. Son, en todo caso, ideas y proyectos que deben concretarse en un futuro próximo.
Zapata de hormigón
De momento, después de no pocos estudios técnicos, se ha conseguido salvar uno de los principales problemas que se plantearon cuando comenzó a edificarse la estructura. Una cueva de una altura similar a un edificio de siete pisos y, además, inundable, puso en solfa todo el proyecto y obligó a un reformado, con el consiguiente esfuerzo económico y técnico. Al final, se decidió hacer una enorme zapata de hormigón en toda la base del futuro museo que, en la zona donde apareció la cueva, tiene una profundidad de 70 centímetros, considerada más que suficiente para garantizar la seguridad de toda la estructura. Hay que tener en cuenta que este espacio museístico, como tal, será uno de los mayores de Asturias, y se sustentará en una construcción en la que se invertirán unas 500 toneladas de hierro, 2.000 metros cúbicos de hormigón y 6.000 metros cúbicos en forjados, por apuntar los detalles más significativos, todo ello en una estructura que tendrá un frontal de 117 metros de largo y de 16 metros de ancho, incluido un voladizo a lo largo de casi toda la fachada.
Las obras, con un presupuesto de 6.732.256,72 euros y que tienen como contratista a la empresa FCC Construcción, están ejecutadas a casi un 40% del total, con especial presencia de las dos torres de hormigón, una de ellas para uso público de ascensores y otra para los servicios generales del museo. El estado actual de las obras permite definir de forma clara los futuros espacios, con una planta baja que tendrá 1.979,44 metros cuadrados y que será la antesala de acceso al museo. Allí se ubicarán la entrada, con su correspondiente vestíbulo, las taquillas, un mostrador y una tienda, además de la zona de paso a la parte superior por ascensores y una escalera que permitirá subir a la primera planta, la museística en sí misma, también a pie.
117 metros de fachada
De todas formas, una de las características más singulares de esta planta baja es que casi la mitad de la misma estará bajo techo, pero totalmente abierta, tanto por la parte de la carretera, la frontal, como por la trasera, que da a la cantera, ahora muy protegida para evitar problemas con posibles futuros desprendimientos. Será un nuevo espacio expositivo que, a entender de los técnicos, ofrecerá muchas posibilidades de futuro para el desarrollo cultural y social de Ribadesella. Sobre esta zona pasará una de las dos plantas técnicas, que son visitables, en la que pueden manejarse todos los elementos técnicos del museo o acoplarse los que puedan necesitarse en el futuro, como la luz, el sonido u otros que puedan plantearse.
Por lo que se refiere al primer piso, la denominada planta museo, tiene 1.938,09 metros cuadrados útiles y ya está casi concluida, incluido un saliente hacia la parte posterior que da a la propia montaña, que será destinado a una sala de documentación. Las vigas de hierro ya dibujan el nuevo espacio museístico que aprovechará los 117 metros lineales de la fachada y los 16 metros que permite el voladizo para crear una enorme caja negra abierta a todo tipo de posibilidades en el futuro.
Aunque estos extremos están por resolver, en ese entorno se podrían crear dos salas permanentes para exposiciones temporales, en ambos extremos, cuatro aulas, zonas para exposiciones permanentes y zonas para presentar a los futuros visitantes bien audiovisuales de la cueva o, como se apuntaba con anterioridad, una reproducción virtual de su interior de la vida de las personas en aquellos tiempos, como señalaba el alcalde de Ribadesella. En casi dos mil metros cuadrados no faltarán posibilidades para albergar el proyecto expositivo más imaginativo que pudiera ponerse sobre la mesa y que está siendo demandado desde Ribadesella desde hace años, como un complemento imprescindible para canalizar el interés de la cueva de Tito Bustillo y el volumen de visitantes que, por sí misma, es capaz de generar.
La cuenta atrás del Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo ya ha comenzado. La vieja cantera de Corcubión ha cambiado totalmente su paisaje. Una enorme estructura de hierro y de hormigón se ha apoderado del entorno y dibuja lo que, en pocos meses, será el futuro museo ligado a la popular cueva de Ribadesella. Salvados, con no pocas dificultades, los problemas de cimentación, el edificio ya empieza a reflejar sus formas. La planta baja y la primera ya son una realidad. Sólo queda el segundo piso, destinado a terraza y auténtica atalaya sobre la ría. Una visita a pie de obra desvela algunos secretos del deseado y demandado equipamiento.

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